Cuando una discusión acaba mal

Todos nos hemos visto envueltos en discusiones, donde empezó como una simple exposición de ideas con otra persona, pero que poco a poco el tono de esa conversación deriva en una discusión. Es entonces cuando se dicen cosas con el único objetivo de dañar a la otra persona, se sube el volumen y se pierden las formas. Cuando una discusión acaba mal, las relaciones, sean del tipo sean, acaban deteriorándose.

Discutir, no es siempre algo malo. Cuando una discusión es constructiva y solo se basa en una exposición de ideas u opiniones, no tiene por qué acabar mal. Lo realmente dañino es cuando se utilizan esas discusiones para imponer una idea, o dañar a la otra persona. Es entonces cuando esa discusión se convierte en algo tóxico, que debe finalizarse lo antes posible.

Lo realmente preocupante cuando una discusión acaba mal, es que al menos una de las partes o ambas acabarán emocionalmente herido, además de dar paso a la propia destrucción de la relación que les unía. Cuando una conversación deriva en una discusión, debemos estar en alerta acerca del volumen, el tono, y la intencionalidad. Si vemos que esa discusión nos está llevando por caminos oscuros y dañinos, lo más sano es dar por finalizada esa discusión. Si no somos capaces de parar, desgraciadamente esas discusiones pueden acabar realmente mal.

Debemos tener muy en cuenta, que ninguna conversación debe derivar en gritos, insultos, amenazas o incluso agresiones físicas o verbales. No podemos nunca llegar a ese punto, ni dejar que las discusiones que tenemos con los demás nos lleve a ello. Cuando una discusión acaba mal, todos pierden, porque nadie ha sido capaz de ser emocionalmente constructivo, dando paso a la violencia, y a las malas formas.

Por qué hay discusiones que acaban mal

Todos tenemos el derecho de exponer nuestros sentimientos y pensamientos, sin que los demás se ofendan o nos juzguen. Cuando no nos dejan ser quienes somos, ni hacer lo que nosotros queremos, es porque esa persona quiere aprovecharse de ello. Las discusiones son fruto siempre de intentar imponerse a la otra persona, ya sea porque esta difiera de nuestros pensamientos, o sentimientos. 

Al final, las discusiones suelen llegar a ser una herramienta efectiva, a la hora de que alguien intente exponer sus ideas, pensamientos y posturas a las de los demás. Normalmente, una discusión surge cuando la razón ha dado paso a las emociones. Cuando una discusión acaba mal es porque esas emociones negativas nos empuja quizás a utilizar un tono, un volumen y una intención totalmente directa. 

Debemos tener cuidado acerca de cómo nos comunicamos con los demás, y cómo dejamos que los demás nos hablen. Es muy importante saber mantener siempre relaciones sanas, donde todos los miembros que la conforman puedan expresar sus pensamientos y sentimientos de un modo libre y respetuoso. No podemos dejar que nadie nos hable mal y con intención de someternos o hacernos daño. Tampoco podemos permitirnos caer en el error de intentar someter o dañar a nadie. Es importante siempre mantener el respeto.

Consecuencias de las malas discusiones

Discutir puede ser sano si se hace constructivamente, y respetando a la otra persona. Un buen intercambio de ideas es siempre positivo. Pero cuando una discusión acaba mal, es porque se ha dejado a un lado el respeto y la razón, para dar paso a las emociones. Ello nos puede hacer pelear verbalmente con alguien a quien queremos, pudiendo llegar a romper la relación que nos une a esa persona.

Una discusión mal gestionada puede llevar a que cualquier relación se vea resentida, pudiéndose dar por finalizada por culpa de las discusiones tóxicas. Normalmente, cuando una discusión acaba mal, en ella aparecen los insultos, los malos gestos, los ninguneos, y los reproches, entre otros aspectos. Ello claramente, puede llegar a destruir las relaciones.

Aparte de sufrir la ruptura de nuestra relación con la persona que hemos discutido de esa forma insana, posteriormente pueden aparecer los peligrosos sentimientos de culpa, o emociones tan negativas como el rencor o la ira. Además, esas discusiones tóxicas al final acaban por repercutir en nuestro estado de ánimo y en nuestra autoestima. A nadie le gusta sufrir una ruptura, aún más si es por algo tan manejable como puede ser una discusión. Cuando una discusión acaba mal, algo en nosotros se rompe, independientemente de las otras consecuencias, y cuesta mucho volver a reponernos. 

Cómo evitar que una discusión acabe mal

Como ya he dicho, las discusiones son importantes para la salud de una relación, pero siempre que se realice bajo unas reglas marcadas y nunca se falte el respeto. Uno puede expresar aquello que siente y piensa, pero también tiene que respetar los pensamientos y sentimientos de los demás. Una conversación constructiva nos enriquece, en cambio cuando una discusión acaba mal, como ya hemos visto, puede minar una relación hasta destruirla, y nosotros podemos llegar a sufrir algunos trastornos emocionales serios. Por ese motivo es importante saber gestionar qué decimos y cómo lo decimos, y de ese modo, evitar esas discusiones tóxicas y dañinas.

Para evitar las discusiones que puedan acabar mal, podemos:

  • Debemos reflexionar el motivo de la discusión. Somos personas maduras, y aunque haya cosas que no nos gusten de otra persona, las discusiones nunca son la mejor opción. Se puede decir lo mismo con un lenguaje asertivo. Antes de iniciar una conversación, asegúrate de si merece la pena o no.
  • No des paso al rencor: A veces discutimos por cosas porque tenemos cosas pendientes con esa persona, y utilizamos cualquier excusa para atacar mediante una discusión buscada. Deja a un lado esas emociones tan tóxicas, porque le harás daño a esa persona, y te harás daño.
  • Establece límites. No permitas que ninguna discusión que puedas tener llegue a más. No permitas los insultos, las malas palabras, o los tonos de voz inadecuados. Tampoco caigas en el error de insultar, o utilizar un mal tono. Las discusiones deben ser siempre constructivas.
  • Evita los juicios. Cada persona tiene algo que decir, respétalo, y haz respetar también tus opiniones y sentimientos. Siempre debe estar presente el respeto.
  • Escucha. Es muy importante que escuches a la otra persona, sus sentimientos y opiniones son tan importantes como las tuyas. Quizás de lo que diga esa persona, tengas algo que aprender.
  • Utiliza un lenguaje asertivo. Se puede comunicar cualquier cosa con un lenguaje constructivo y con un tono de voz adecuado. Mantén siempre una conversación correcta y activa. Expresa aquello que quieras decir de un modo respetuoso.
  • Piensa antes de hablar. Es importante que tengas muy claro qué quieres decir, para que de ese modo, solamente te preocupes del cómo vas a decirlo. Así evitarás malos entendidos, y la utilización de un lenguaje agresivo.
  • Deja a un lado las emociones. Hablar a través de las emociones que experimentamos en ese momento, nos puede hacer que nos expresemos más agresivamente, o sin pensar en lo que decimos, pudiendo arrepentirnos de lo que hemos dicho por emociones negativas como la ira, y sin querer, dañar a la otra persona, y dañar nuestra relación con ella.
  • Siempre está el perdón. Si la conversación está acabando mal, es importante que aprendamos a parar, a pedir perdón, y a perdonar a la otra persona por lo que ha dicho. Es más importante una relación que ganar cualquier discusión. Si una discusión va mal, lo mejor es parar, y dar paso al perdón.

Las discusiones forman parte de la vida y de nuestras relaciones. Siempre que estas se hagan desde un punto de vista constructivo sirve para intercambiar opiniones, pero cuando una discusión acaba mal, deberemos repasar qué falla en esa relación, o incluso que va mal en nosotros mismos. Que una discusión acaba mal o no está en nuestra mano. ¡Adelante!

Daniel Molina, Psicólogo Emocional Online

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