Dejar de postergar

Dejar de postergar

A menudo nos encontramos en situaciones que nos cuesta arrancar, y realizar todas esas actividades y obligaciones que tenemos pendientes. Vamos dejando pasar el tiempo, y esas actividades se van acumulando y se suman a otras nuevas, hasta que aquello que debemos hacer se ha convertido en una tarea totalmente hercúlea. Por ese motivo, debemos aprender a dejar de postergar, y saber cómo gestionar nuestro tiempo, y cómo emplear nuestras energías.

Siempre cometemos el error de pensar que quien posterga, y no es capaz de llevar sus obligaciones actualizadas, es porque es una persona vaga o descuidada, cuando la mayoría de las veces, el hecho de postergar es la señal de que hay algo más que debemos descubrir. La procrastinación siempre esconde una problemática que debemos detectar, y solucionar. 

Saber qué debemos hacer ciertas cosas, pero no tener la iniciativa de realizarlas, es realmente angustioso, y puede generarnos un gran nivel de estrés, pudiendo traducirse en el sufrimiento de episodios ansiosos. Verse incapaz de llevar a cabo nuestras obligaciones, tiene su repercusión en nuestra autoestima, y en nuestro estado de ánimo como veremos a continuación. Pero además, el hecho de postergar nos llevará a tener pensamientos negativos hacia nosotros mismos y nuestras capacidades. Y es que no hay pero jueces que nosotros mismos. 

Por todo ello es esencial aprender a dejar de postergar, con tal de sentirnos bien y activos. Cuando no somos capaces de llevar a cabo nuestras actividades y obligaciones cotidianas, debemos buscar la explicación de ello, con tal de detectar el problema, y buscar la ayuda necesaria para no caer en la procrastinación.

Por qué postergamos

En este punto debemos aprender a diferenciar entre una procrastinación por causas circunstanciales y una procrastinación patológica. Normalmente, dejamos las cosas para después por muchos motivos. Todos ellos triviales, como por ejemplo, la falta de motivación, cansancio o simplemente por tener una personalidad desordenada. Son causas que se pueden mejorar, y que cambiarán con el tiempo. Es decir, habrá momentos de más actividad y momentos de postergación. 

Pero también existen causas más graves y patológicas. Todas esas causas se relacionan con el miedo. Cuando nos cuesta enfrentarnos a las cosas, difícilmente podemos tener la iniciativa de realizar todas esas actividades que nos asusta, o nos da terror la responsabilidad que ello supone. El miedo alimenta al miedo, y hacer cosas supone asumir quizás ciertas responsabilidades, de las que no estamos preparados.

Una baja autoestima, un estado de ánimo bajo, o un cuadro de ansiedad, puede llevarnos a no ser capaces de asumir la responsabilidad de iniciar cualquier actividad, y ello nos llevará a postergar todas esas obligaciones. Postergar significa intentar evitar aquello que tememos en estos casos, pero huir de nuestros miedos siempre comporta desarrollar diversos trastornos. Al final los miedos están para afrontarlos, y de ese modo, poder superarlos.

Las consecuencias de postergar

Nadie se plantea que existe una problemática subyacente o escondida en el hecho de postergar. Se suele relacionar siempre con una falta de implicación o de motivación. A la persona que postergar se le suele juzgar ligeramente como alguien incapaz o vago, que no sabe organizarse ni tiene la determinación de realizar todo aquello que debe hacer. Pero lo cierto es que, si no se deja de postergar, es porque existe una razón oculta, que puede implicar una serie de trastornos, que determina la vida de quien los padece.

No podemos juzgar a nadie a la ligera. No debemos cometer ese error. Porque esas opiniones hacen daño, y pueden empeorar la situación de la persona que no puede iniciar cualquier tarea. Esa persona se sentirá de todos modos mal, porque ella misma se juzgará, y se verá incapaz de iniciar ningunas de las tareas que debe hacer. Ello tendrá su repercusión en su autoestima. Al final todos esos juicios acaban siendo una pesada losa, que hunde más a la persona en su apatía y falta de determinación.

No poder dejar de postergar también genera una gran angustia. Así que, la persona que procrastina sin poder remediarlo, sufrirá un gran nivel de estrés. Sabe que sus actos tendrá consecuencias negativas. Puede ser perder un trabajo, o quizás ser expulsado de algún grupo social. Ese nivel de estrés elevado, prolongado en el tiempo, al final acaba por transformarse en la temida ansiedad. Estar siempre angustiado tendrá también su repercusión tanto en nuestro estado de ánimo, como en nuestra salud física, pudiendo desarrollar ciertas enfermedades.

Así que, no debemos caer en el tremendo error de juzgar u opinar acerca de esas personas que no paran de postergar, Deberíamos centrarnos en el porqué, y si estas personas tienen una problemática que resolver, darles siempre las herramientas y la ayuda que necesiten para poder superar su situación, y no sufrir todas estas consecuencias.

Cómo dejar de postergar

El miedo nos llega a paralizar, de tal modo que somos incapaces de afrontar e iniciar cualquier actividad que implique responsabilidad. Al final el miedo siempre alimenta al miedo, y al intentar evitar aquello que nos perturba y nos asusta, dejamos de hacer cosas que pueden enriquecernos y hacer que nuestra vida mejore. Pero así de complicados somos los seres humanos.

Si sientes un miedo que no puedes controlar ni gestionar adecuadamente, debes aprender a afrontarlos de un modo sano y constructivo. Para ello es esencial que busques ayuda profesional. La terapia te dará siempre las herramientas para poder manejar tus miedos, y en este caso, dejar de postergar. ¡Adelante!

Daniel Molina, Psicólogo Emocional Online

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