El dolor que produce el rechazo

Todos crecemos con muchas cicatrices en el alma. Nadie llega a la edad adulta sin haber librado alguna dura batalla que le ha dejado heridas muy profundas en el alma. Una de las heridas emocionales más profundas y dolorosas es el rechazo. Sentir que alguien a quien queremos y amamos nos rechaza nos sumerge en un profundo abismo de dolor y sufrimiento del cual es muy difícil reponerse. En este artículo nos centraremos en el dolor que produce el rechazo.

Las personas adultas emocionalmente heridas lo son porque en algún momento en su desarrollo se han sentido rechazadas. Si un niño es rechazado por aquellas personas que más tienen que protegerle y cuidarle, como son sus padres, esta persona crecerá con profundas heridas en su corazón, además de construirse una percepción negativa de si mismas. Una autoestima baja en la edad adulta suele ser el resultado del rechazo sufrido por las personas que más necesitábamos de niños. Por tanto, el rechazo es una gran causa de sufrimiento y dolor emocional.

Los rechazos en la edad adulta también dejan una huella imborrable, y puede determinar factores como nuestro estado de ánimo, nuestra autoestima, o el modo de relacionarnos con los demás. Una persona dañada puede sufrir una serie de trastornos que pueden afectarle en todos los ámbitos de su vida. Sentir que no somos importantes para esas personas que sí lo son para nosotros es algo difícil de encajar, y eso nos llevará a sufrir un gran dolor emocional.

El dolor que produce el rechazo es demasiado alto e intenso. No hay nada más relevante para nosotros que sentirnos queridos y arropados por todas aquellas personas que queremos, y que son esenciales en nuestras vidas. Si alguien fundamental para nosotros nos rechaza, eso nos generará un gran dolor emocional del cual no podremos huir, ya que se necesitará de un tratamiento psicológico para poder esas profundas heridas.

Por qué nos duele tanto el rechazo

Cuando alguien nos rechaza es porque no valora todo lo que somos, y eso es realmente duro de gestionar. Este gran golpe si lo recibimos de niño puede ser catastrófico para nuestro desarrollo emocional. Un niño al cual sus padres le han despreciado y denegado sus cuidados y su protección, crecerá teniendo una percepción negativa de si mismo. Se verá como una persona no válida que no es merecedora de recibir el cariño y el amor de nadie.

Normalmente, el rechazo va unido la mayoría de las veces al reproche y a los malos modos. Una persona que ha crecido bajo el yugo de unos padres que le han rechazado y reprochado por todo lo que hace, crecerá siendo una persona totalmente herida. Y esa persona tan dañada nunca será capaz de tener relaciones sanas con los demás, porque aparte de no quererse a si mismo, tampoco sabrá lo que es ser aceptado y querido por todo lo que es.

Una persona adulta emocionalmente sana, si sufre un rechazo, logrará reponerse en un momento u otro. Pero una persona herida, al enfrentarse a un nuevo rechazo, ello le hundirá mucho más, y las heridas se harán más y más profundas. Es por ello que debemos tener en cuenta el dolor que produce el rechazo, debido a las heridas que produce hundir por completo a la persona que ha sido despreciada por alguien a quien quería o amaba.

El daño emocional de ser rechazados

Entre el dolor que produce el rechazo podemos destacar las heridas emocionales. Una persona herida es aquella que no se percibe de un modo positivo, no aceptándose ni queriéndose tal y como es. La autoestima baja es una de las secuelas más comunes de las personas rechazadas. Si no obtenemos la protección ni el cariño de las personas más cercanas y queridas desde nuestra infancia, creceremos creyendo que no nos merecemos que nadie nos ame y nos acepte. Eso afectará al modo de relacionarnos, y de establecer vínculos afectivos sanos con los demás. Además, quien ha sucumbido al dolor que produce el rechazo también experimentará la aparición de emociones tan negativas como la tristeza, la rabia o en rencor, entre otros. Todo ello es fruto de un alma herida y de un corazón destrozado. Saber que hemos sido rechazados por aquellas personas más queridas genera un gran dolor y sufrimiento difícil de superar.

Estar pendientes de las opiniones y críticas de los demás, y si estos nos rechazan, puede hacer que nuestros niveles de ansiedad se elevan de un modo patológico. Sufrir tal grado de presión puede hacer que padezcamos un cuadro ansioso, y ello nos afecte de un modo irreparable. También nuestro estado de ánimo se verá afectado. El hecho de comprobar que somos rechazados por la persona o las personas que son importantes para nosotros, puede hacer que nos sumerjamos en una profunda tristeza, que prolongada en el tiempo hará que la depresión se instale en nuestro interior.

Por último, remarcar como el rechazo puede afectar a nuestras relaciones futuras. Cuando nos sentimos rechazado dudamos de todo aquello que somos, y podemos convertirnos en personas tremendamente temerosas que no son capaces de aceptarse, ni aceptar a los demás. Quien ha sido sufrido el rechazo desde la infancia se convertirá en una persona adulta herida, que hará todo lo posible para no ser rechazado nunca más. Eso le puede llevar a tener conductas muy tóxicas, como puede ser la dependencia, la necesidad de control, y o la manipulación, entre otras. Esas personas heridas harán lo que haga falta por no volver a sentir el dolor que produce el rechazo. De ese modo nunca podrá tener relaciones sanas y constructivas con nadie, y su sufrimiento será tan profundo que puede hundirle por completo.

Cómo afrontar el dolor del rechazo

El dolor que produce el rechazo nos puede cambiar por completo, convirtiéndonos en la sombra de quien fuimos o de quien pudimos ser. Una persona con semejantes heridas en el alma será una persona temerosa de si misma y de los demás. Es decir, comenzará a rechazarse como le rechazaron en su día, y eso siempre es negativo, además de ser algo que se puede tratar y superar. Debemos comprender que para sanar esas heridas esa persona debe recomponer todos los pedazos rotos de su alma. Para ello es esencial tratar la autoestima, y hacer que esa persona se acepte, se quiera, y se respete. Eso es fundamental. Y para ello debemos:

  • Identifica tu dolor. Cuando hemos sufrido experiencias tan negativas como es el rechazo, y eso nos ha marcado para siempre, debemos identificar aquello que sentimos para saber que tipo de ayuda necesitamos. Una vez que identifiquemos nuestro dolor, tenemos que aceptarlo para poder afrontarlo de un modo correcto y constructivo.
  • Busca ayuda profesional. Es necesario la intervención psicológica para poder sanar las heridas del alma. La terapia te dará todas las herramientas que necesitas para poder afrontar y superar todo tu dolor y sufrimiento. Apuesta por la terapia para sanar todas tus heridas.
  • Deja que tus emociones se expresen. Durante el proceso terapéutico pasarás por diferentes fases. No reprimas nada de lo que sientas. Si sientes emociones como el rencor, la tristeza y la ira, deja que se expresen. Es importante escuchar tu interior para poder saber que debes tratar, además de poder desahogarte emocionalmente.
  • Aprende a quererte. Si quieres que los demás te quieran y te respeten primero debes hacerlo tú. Quiérete y respétate para que los demás lo hagan. Sé el precursor de tratarte con todo el amor que mereces.
  • Perdona. Un paso fundamental para sanar tus heridas emocionales es perdonar. Perdona y dejar de cargar con todo ese peso. Libérate de todo eso. Con el perdón puedes pasar página. 
  • Rodéate de personas que sumen. Cuando empieces a quererte serás más exigente con quien te rodeas porque te comenzarás a respetar y a darte tu valía. No te conformes con personas que te resten y te hagan daño. Comienza a rodearte por personas que sumen y te aporten aspectos tan relevantes como amor, cariño, o respeto. ¡Adelante!

Daniel Molina, Psicólogo Emocional Online

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