¿Qué es la fibromialgia?

La fibromialgia es considerada una enfermedad reumatológica caracterizada por el padecimiento de dolor crónico generalizado, que se prolonga durante más de tres meses. Normalmente, este intenso dolor se puede localizar en el aparato locomotor.

Esta patología fue reconocida como enfermedad por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el año 1992. La fibromialgia suele afecta a una media del 4 % de la población en el mundo, y en su mayoría, un 90 % de las personas afectadas son mujeres.

A la fibromialgia se la suele conocer o denominar como “la enfermedad invisible”, ya que afecta a todas las partes blandas del aparato locomotor, no pudiéndose diagnosticar fácilmente a través de pruebas médicas. Es una patología que no se detecta, no deja evidencia física ni huellas. No produce heridas. Por tanto, se reduce al padecimiento de un dolor intenso y desesperante.

Esta patología se puede manifestar en cualquier edad, pero existe una prevalencia en la edad adulta, considerándose la causa más frecuente de dolor músculo-esquelético.

¿Cuáles son sus posibles causas?

Aunque no se conoce las causas exactas que pueden originar esta patología, desde los resultados de varios estudios facilitados desde por la OMS, todo apunta, como posible causa, una alteración de determinados neurotransmisores del sistema nervioso.

Estos estudios señalan que cuando se produce el desequilibrio de los neurotransmisores, se produce a su vez una serie de alteraciones que podrían explicar los síntomas de la fibromialgia. Así como el dolor generalizado se produce a consecuencia de una alteración en las vías de modulación del dolor.

Debido a estas causas, el dolor generalizado que sufren los pacientes de fibromialgia, como ellos mismos relatan, se origina cuando hay una percepción anómala de los estímulos sensoriales, interpretando la presión, el calor, la vibración o cualquier otro estímulo como algo doloroso. Ello es debido a que las personas con fibromialgia tienen un mayor número de fibras nerviosas sensoriales en sus vasos sanguíneos, de forma que todo estímulo externo lo perciben como doloroso.

Hay que tener en cuenta que ante cualquier factor emocional se incrementará la sensación de dolor en esas fibras nerviosas. Una situación puntual de estrés va a derivar en una estimulación excesiva y en dolor. A su vez, la sensación de dolor y cansancio crónico que sufren las personas que padecen fibromialgia puede abocarle a la depresión.

Fundamentalmente, la persona cae en un círculo vicioso donde la enfermedad de origen orgánico se ve afectada por los factores psicológicos. Por ese motivo es necesario, controlar el estado emocional del paciente.

Principales síntomas de la fibromialgia

  • Dolor muscular. También denominado como mialgia. Aparece de forma repentina y se vuelve crónico. Es un dolor difuso, inespecífico, y afecta a diversas partes del cuerpo. El dolor en la fibromialgia tiene diversas peculiaridades como la alodinia (dolor por estímulos no dolorosos como por ejemplo la temperatura), hiperalgesia (dolor mayor de lo normal ante un estímulo doloroso), y persistencia (el dolor está presente durante más tiempo del normal).
  • Cansancio y fatiga extrema. Estos dos síntomas aparecen al realizar un esfuerzo menor, y no suelen desaparecer cuando se descansa.
  • Aunque la rigidez también es un síntoma propio de varias enfermedades reumáticas, al igual que ocurre con la fatiga y el cansancio, tiene una serie de peculiaridades que la diferencia de otras patologías. En la fibromialgia se presenta un entumecimiento general, calambres en las piernas, sensación de hinchazón, agarrotamiento, contracturas musculares, temblores, y sensación de bloqueo.
  • Trastorno del sueño. Pueden existir dificultades a la hora de conciliar el sueño. También pueden despertarse repetidamente durante la noche, o que simplemente el sueño no sea reparador.
  • Deterioro cognitivo. Las personas con fibromialgia pueden presentar dificultad para procesar la información, la memorización o que se puedan comunicar verbalmente de una forma óptima y adecuada.
  • Ansiedad y Depresión. Estas dos psicopatologías están estrechamente vinculadas con esta enfermedad. Sin embargo, no se puede especificar si se producen antes de padecer fibromialgia, o son como consecuencia de esta.
  • Diversos trastornos. Entre ellos, los trastornos gastrointestinales, como pueden ser el intestino irritable o la hernia de hiato. Trastornos músculo-esqueléticos como el síndrome del túnel carpiano, metabólicos (hipotiroidismo), autonómicos (mareos, vértigos, hipotensión, etc.).

Cómo afrontar psicológicamente la fibromialgia

Socialmente cada vez más somos conscientes de lo que supone el dolor crónico para quien lo sufre. Si bien antes eran unas patologías poco conocidas y rechazadas, ahora es una auténtica realidad. La fibromialgia es una de las principales patologías relacionadas con el dolor crónico. Hoy en día, como se ha demostrado empíricamente, factores como el estrés o la tristeza incrementan notablemente la sensación de dolor, y por tanto el sufrimiento que padece la persona es mayor. Por ello es importante tener unas estrategias con tal de evitar que dichos factores emocionales y psicológicos afecten al dolor y a su percepción.

A continuación os damos 5 claves para que los factores emocionales y psicológicos aumenten el dolor:

  1. Aprende de tu enfermedad. Lee todo lo que puedas de la fibromialgia. Contacta con especialistas, médicos y psicólogos. Intenta entender qué te pasa y los síntomas que padeces. De ese modo sabrás a qué te enfrentas y cómo debes hacerlo, partiendo siempre de tus necesidades particulares.
  2. Ten una actitud positiva. Cuando se sufre el dolor que sufre alguien con fibromialgia es muy difícil tener una actitud positiva. El dolor nos lleva por caminos oscuros. Pero debemos aprender a mantener una actitud todo lo activa y positiva posible. Acepta tu dolor, y con ello podrás tratarlo. Apóyate en quien te rodea. No te aísles y saca lo mejor de ti.
  3. Realiza actividades que te gusten. Mantenerse activo es fundamental para alejar el dolor. Nos permite distraer a la mente, y alejar el estrés y la ansiedad. Haz aquello que te guste, ya sea caminar, hacer algo de deporte, leer, ir al cine, etc. También podrías plantearte técnicas de relajación como puede ser el yoga, taichí, o reiki. Suelen ir muy bien en estos casos.
  4. No dejes que el dolor te domine. No permitas que controle tu vida. Por ese motivo mantente activo, haz cosas cada día, aunque te supongan un infierno, y no evites el contacto con los demás. Relaciónate.
  5. Acepta tus emociones y tus pensamientos. Todo aquello que pensamos y sentimos tiene una influencia directa sobre la enfermedad. Una actitud negativa hará que no nos levantemos de la cama y nos embargue la desesperanza, además de agudizar el dolor. Por eso no te dejes llevar por el desánimo y enfréntate a ello con todo lo que tengas. Y si necesitas la ayuda de un profesional, no dudes en pedir apoyo.

Daniel Molina, Psicólogo Emocional Online

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