Obsesiones

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Las preocupaciones forman parte de nuestras vidas. Todos vivimos la incertidumbre que proporciona el futuro a nuestra manera. Nos preocupa todo lo que no controlamos, y eso a veces nos llega a angustiar excesivamente. Esos pensamientos son recurrentes, y pueden paralizarnos, perjudicando nuestro día a día, pudiendo transformarse en verdaderas obsesiones.

Todos los problemas que van apareciendo en nuestras vidas, nos van haciendo mella. Con cada adversidad buscamos la solución más efectiva. De ese modo logramos ir acallando nuestras preocupaciones. Pero existen personas que se preocupan de un modo excesivo, y no llegan a gestionarlo adecuadamente, padeciendo una angustia muy elevada. Es en este punto donde la preocupación se convierte en obsesión. Se produce en el momento en el cual no sabemos cómo afrontar una situación, y esa preocupación se convierte en un pensamiento angustioso recurrente.

Se dan diversas patologías que podemos catalogar como trastornos de ansiedad, y están relacionadas estrechamente con la forma, la cantidad o la intensidad en la cual se gestiona las preocupaciones. Entonces podemos hablar de ansiedad generalizada, fobiasfobia social, o trastorno de estrés postraumático.

Pero si podemos afirmar la existencia de una psicopatología que se caracteriza por la obsesión, es el trastorno obsesivo-compulsivo o TOC, que en el nuevo manual diagnóstico DSM-V, se ha diferenciado de los trastornos de ansiedad.

Cómo nos paralizan

Hay que aprender primero a diferenciar entre un episodio de preocupación normal, a un periodo obsesivo o de obsesiones concretas. Para poder identificar y distinguir las obsesiones, podemos apoyarnos en los siguientes puntos:

  • Si la preocupación es realista. Hay que identificar si nuestra preocupación es por un asunto que jamás podrá darse, que existe una remota posibilidad, o que quizás nos estamos anticipando a un hecho que lo más seguro, jamás se produzca.
  • Si la preocupación es desproporcionada. La intensidad con que nos preocupamos no tiene por qué corresponderse con la gravedad del problema. A veces damos muchas vueltas a asuntos con una sencilla solución.
  • Si la preocupación te genera una inquietud constante. Las obsesiones suelen generar un gran malestar psicológico y emocional a quienes las padecen. Son imposible alejarlas de la mente, y acaban por afectar el día a día.
  • Si tu preocupación te empuja a realizar actos poco reflexivos. A veces cuando las preocupaciones son tan intensas, nos puede llevar a cometer actos que nada tiene que ver con el sentido común. En este caso podemos hablar de comportamiento ritualista, como pueden ser, lavarse las manos, abrir o cerrar una puerta cierto número de veces, etc. Toda conducta que nos lleva a pensar que podemos controlar los problemas que estamos padeciendo, aunque sean comportamientos tóxicos.
  • Si te da vergüenza reconocer los motivos de tu preocupación. Toda persona que padezca obsesiones, sabe en el fondo que son fruto de un modo de gestionar los problemas, y un modo de pensamiento poco normal. Por eso, quienes las padecen, siempre intentan esconder el motivo por el cual se sienten totalmente preocupados.
  • Si no puedes controlar tus preocupaciones. Los pensamientos tóxicos y dañinos producidos por una mala gestión emocional de las preocupaciones, aparecen de modo repentino, sin avisar, y nada puede hacer quien las padece para que desaparezcan de su mente.

Si reconoces alguna de estas señales acerca de tus preocupaciones, quizás deberías plantearte la idea de pedir ayuda profesional. De ese modo podrás tener una valoración de la problemática real que sufres, y poder así, establecer estrategias para superar ese modo negativo de gestionar las emociones.

Una de las diferencias esenciales es que las obsesiones, aparecen de modo involuntario y repentino. Interfieren en nuestro pensamiento y nuestra conducta. Y llegan a afectarnos en todos los ámbitos de nuestra vida, incluyendo en los casos más graves, la aparición de comportamiento rituales dirigidos a reducir la ansiedad.

Obsesiones más frecuentes

Las obsesiones pueden dirigirse a casi cualquier cosa, asunto o persona. Pero el modo en el cual afecta a cada uno es diferente. Aun así, existe ciertos objetos típicos de las obsesiones, y estos serían alguno de los más comunes:

  • Miedo a infectarse. Es muy común el temor a tocar objetos o personas con las manos, y contraer alguna enfermedad infecciosa. Este tipo de obsesión lleva la persona a realizar comportamientos destinados a la limpieza exhaustiva, y a evitar estar con personas que puedan contagiarlo.
  • Obsesiones sobre el aspecto físico. La apariencia física puede llegar a convertirse en una verdadera obsesión. Buscarse defectos que no son reales, o estar constantemente mirándose con comportamientos relacionados con este tipo de obsesiones.
  • Obsesiones relacionadas con el sexo. Es bastante común, en estos casos, los pensamientos dirigidos a la duda acerca de la propia orientación sexual, aunque sea una idea inculcada por uno mismo, y alejada de la realidad.
  • De carácter agresivo. Es una obsesión que se centra en el miedo a cometer un acto violento, o agredir a alguien.
  • Obsesión por la salud. Es el miedo a enfermar. Quienes lo padecen no dejan de hacerse pruebas médicas, ya que necesitan saber si padecen o no ciertas enfermedades. Es una obsesión que acaba en hipocondría.
  • Obsesión por los pensamientos negativos. Como pueden idealizaciones obscenas, o de perjuicio sobre una persona. Son ciertos pensamientos que vienen a la mente de quien lo padece, haciéndole sentir culpable por pensar esas cosas tan dañinas acerca de los demás.

Conductas que reducen la ansiedad

Las obsesiones a menudo van seguidas por ciertas compulsiones, es decir, actos rituales e incontrolables que sirven para reducir la ansiedad, que las mismas obsesiones provocan. A veces la compulsión no está aparentemente relacionada con la obsesión que se padece, o su intensidad no concuerda con la realidad. Si antes hablábamos de la existencia de obsesiones típicas, ahora hablaremos también de las compulsiones más típicas, y estas son:

  • Lavarse constantemente, llegando a veces incluso a erosionar la piel, y provocar heridas muy severas.
  • Comprobar de manera incesante si se ha dejado el gas abierto, una puerta sin cerrar, o una luz sin apagar.
  • Tocar algún objeto un número determinado de veces.
  • Contar en voz alta o mentalmente el número que se ejecuta una acción determinada, como por ejemplo, abrir y cerrar una puerta varias veces para acabar abriéndola o cerrándola.
  • Tener todo ordenado según su propio criterio. No soportando cualquier alteración de ese orden, ya que le provoca una gran intensidad. Si algo se desordena, comenzará de nuevo a ordenarlo.
  • Acumular cosas. Se les hace muy difícil, por no decir imposible, desprenderse de cosas que cree que puedan serle útiles en algún momento, aunque sea para otros, basura. Pero la simple idea de tirar esas cosas, les produce un alto nivel de angustia.
  • Rezar o realizar algún tipo de mantra. Eso les proporciona tranquilidad, y les ayuda a alejar los pensamientos más nocivos. Es en cierto modo, un modo de redimirse de todas sus obsesiones y pensamientos negativos.

¿Las obsesiones se pueden superar?

Como respuesta rápida, sería un sí, pero requiere de un tratamiento adecuado para superar las obsesiones. Estas no dejan de ser una mala gestión de nuestras preocupaciones, y requieren una intervención terapéutica, que nos ayude a cambiar nuestro modo de pensar y actuar, así como aprender a gestionar todas las adversidades que surgen en nuestro día a día.

Las obsesiones tienen como patología subyacente la ansiedad. De ese modo, tenemos que tratar las obsesiones y la propia ansiedad. Tratando una mejoramos la otra. Así que, si sufres este tipo de pensamientos negativos recurrente, y estos afectan a tu vida, deberías plantearte realizar terapia, con tal de superar tanto las obsesiones, como la ansiedad que estas producen. ¡Adelante!

Daniel Molina, Psicólogo Emocional Online

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