La sobrecarga mental

Cuando sientes que estás agotado, que tu cuerpo está cansado y dolorido, es por un exceso de actividad física. Lo mismo ocurre en nuestra mente. A veces es tanta la actividad psicológica y emocional durante el día, que podemos caer en una sobrecarga mental.

A lo largo del día imaginamos, pensamos, reflexionamos, tomamos decisiones, etc. Toda actividad requiere la intervención de nuestra mente. Es decir, vivimos pensando. Pero todos los pensamientos no son válidos ni útiles. A veces pensamos demasiado y de manera poco productiva. Por ese motivo llenamos nuestra mente de pensamientos negativos e inservibles. Nos sobrecargamos mentalmente.

Si reunimos ideas y pensamientos que no nos aportan nada, ni nos llevan a ninguna parte, la mente finalmente acaba agotándose. Entonces dejamos de pensar con claridad, nos bloqueamos y acabamos actuando de forma errática. Debemos entonces aliviar nuestra mente para no caer en la temida sobrecarga mental.

La calidad de los pensamientos

El hecho de pensar es lo que diferencia al ser humano del resto de seres vivos. Pero decir que si parte de nuestros pensamientos son conscientes y racionales, existen también aquellos que no lo son, y sobrecargan nuestra mente de actividad que no nos aporta nada positivo.

La calidad de nuestros pensamientos determina irremediablemente nuestra actividad diaria. Por tanto, debemos estar alerta de los pensamientos. Estos nos pueden llevar a la negatividad y a la sobrecarga mental.

Debemos procurar siempre dirigir nuestra mente hacia pensamientos y actividades positivos, que nos ayuden a nuestro desarrollo cognitivo y emocional, y evite el cansancio mental y psicológico en nuestro día a día.

Los pensamientos negativos sobrecargan la mente

Los denominados pensamientos negativos son aquellos cuya recurrencia nos fatiga y nos agota, además de no aportarnos ningún beneficio. Son pensamientos tóxicos, y solamente facilitan la sobrecarga mental.

Este tipo de pensamientos son innecesarios y superfluos, por lo cual en vez de aportarnos conocimiento y ventajas, nos consumen y nos ralentizan mentalmente. Nos impiden ser creativos, aprender o entender mejor el mundo que nos rodea, entre otros factores. Son pensamientos que llegan a bloquearnos y a sobrecargarnos mentalmente.

Por todo ello, cuando sufrimos una sobrecarga mental, caemos en un agotamiento parecido a cuando nos sobrecargamos físicamente. Cuando estamos agotados mentalmente, somos incapaces de racionalizar los pensamientos, además de percibir distorsionadamente el mundo que nos rodea, y cayendo en conductas poco adecuadas que agravarán más nuestro estado emocional y psicológico.

Pensamientos que nos lleva a la sobrecarga mental

Existen miles de pensamientos tóxicos y nocivos para nosotros. Pero quizás los más frecuentes sean:

  • La autocrítica: es un pensamiento encaminado a reprocharnos, juzgarnos y condenarnos constantemente por cualquier error que cometamos. No somos perfectos, y en vez de aceptar nuestros defectos y errores, somos capaces de utilizarlos para destruirnos completamente.
  • El victimismo: es una zancadilla que nos pone nuestra mente para que no podamos avanzar. Son pensamientos paralizantes que nos llevan a tener pena por nosotros mismos, y vernos como seres incapaces. Este tipo de pensamiento lleva a sentirnos impotentes.
  • Suponer: las suposiciones hace que nos desgastemos mentalmente. Nos hace pensar en cosas que quizás jamás ocurran. No podemos adivinar el futuro ni adelantarnos en el tiempo. Son pensamientos que nos llevan a la sobrecarga mental.
  • Los “si hubiera hecho esto…”: si en su momento no hiciste algo que deberías haber hecho no te atormentes. El pasado, pasado es. Ahora sólo puedes aprender de ello. Esta clase de pensamientos sólo te terminarán haciendo daño.

Apuesta por el silencio

Nuestra mente nos consume una mayor parte de nuestra energía. Nos guía y nos hace que todo nuestro cuerpo funcione correctamente. A veces cuando la sobrexponemos a una gran actividad llegamos a la sobrecarga mental y nos colapsamos. La mente se convierte entonces en nuestro mayor enemigo.

Esta máquina no entiende de descansos, y nos hace estar siempre en alerta. Incluso hay noches que somos incapaces de dormir con tal de pensar en cosas inútiles que solamente hace que hacernos daño. Es cuando podemos llegar a padecer trastornos tan temibles como la ansiedad o la depresión.

Cuando en nuestra mente hay mucho ruido, debemos parar, y poner nuestra mente en silencio. Ese silencio es necesario para reordenar nuestro interior, y volver a nuestra esencia. Debemos aprender a relajarnos, y lo más importante, hacer que nuestra mente descanse.

La mente relajada

Debemos aprender a relajar nuestra mente. Igual que descansamos nuestro cuerpo, nuestra mente necesita mucho descanso y cuidados. Por ese motivo debemos dejar de tener miedo al silencio y al hecho de estar con nosotros mismos.

Para que nuestra mente descanse, esta necesita tu tiempo y su espacio. Debemos encontrar  cada día unos minutos y un lugar donde poder relajarnos y frenar nuestros pensamientos. Es un ejercicio diario que se convertirá en un hábito saludable.

Cuando descanses la mente procura estar en un lugar en silencio, y vacía tu mente de todo aquello que no nos hace falta. Abraza el silencio sin miedo, y vuelve a encontrarte. Siéntete bien contigo mismo. Acéptate y quiérete. Solo tú puedes sanarte. Abandona tus miedos.

Son ejercicios que necesitan una continuidad y una voluntad firme de nosotros mismos de realizarlo. El descanso mental es necesario para nuestro bienestar psicológico y emocional. Este tipo de pensamiento pausado y relajado requiere un compromiso y amor propio. No podemos permitir que nuestra mente se convierta en nuestro peor enemigo.

La fábula dela mosca y el elefante

En uno de los paseos por el bosque, un discípulo preocupado por el hecho de que su mente estaba en constante agitación, le preguntó a su maestro: “¿Por qué siempre están inquietas nuestras mentes y solamente unos pocos poseen una mente tranquila? ¿Qué se puede hacer para aquietar la mente?” 

El maestro miró a su discípulo, sonrió y le dijo: “Voy a contarte una historia. Un elefante estaba recogiendo hojas de un árbol para comerlas cuando una pequeña mosca se le acercó volando y zumbando cerca de su oído. El elefante se la sacudió moviendo sus largas orejas. La mosca volvió y el elefante se la sacudió de nuevo”. 

Esto se repitió varias veces. Entonces el elefante le preguntó a la mosca: “¿Por qué estás tan inquieta y haces tanto ruido? ¿Por qué no puedes permanecer por un tiempo en un mismo lugar?” 

La mosca le respondió: “Me siento atraída por todo lo que ven, oyen o huelen mis sentidos. Me llevan constantemente en todas direcciones y no lo puedo resistir. ¿Cuál es tu secreto? ¿Cómo puedes estar tan tranquilo y quieto?” 

El elefante dejó de comer y le respondió: “Mis sentidos no gobiernan mi atención. Todo lo que hago está inmerso en ella. Ahora que estoy comiendo, estoy completamente atento al acto de comer. De esa manera puedo disfrutar mi comida y masticar mejor. Yo gobierno y controlo mi atención”. 

Al oír estas palabras al discípulo le surgió una sonrisa en el rostro. Miró a su maestro y le dijo: “¡Ya entiendo! Si mis sentidos controlan mi mente y mi atención, mi mente estará constantemente agitada. Si estoy atento gobernaré mis sentidos, entonces mi mente se calmará”. 

“Así es”, respondió el maestro, “La mente es inquieta y se dirige a donde está la atención. Controla tu atención y controlarás tu mente”. 

Cómo calmar nuestra mente

Para poder evitar la sobrecarga mental no debemos permitir que nuestros pensamientos nos dominen, y lleguen a dominar nuestra vida. Debemos aprender a controlarlos, y cómo en la fábula anterior, dirigir nuestra mente hacia la tranquilidad y el sosiego necesario para estar en paz. Y para ello podemos seguir las siguientes pautas:

  • Haz que tu mente descanse: pon tu atención en los pensamientos positivos. Reflexiona y medita, y así quitarás todo el ruido que hay en tu interior, y que no te deja ver las cosas con claridad. Haz aquellas actividades que te permitan relajarte, como puede ser caminas, pintar, ir al cine, etc. No permitas que tu mente se sobrecargue de pensamientos nocivos y tóxicos.
  • Deja de lado a las personas tóxicas: identifica que personas te hacen daño, y no te aportan nada positivo. Aléjalas de ti. Si te rodeas de personas tóxicas te acabarás intoxicando. Busca un entorno enriquecedor que pueda darte energía, positividad y fuerza.
  • Vacía tu mente: encuentra cada día un momento en el cual puedas relajarte, y vaciar tu mente de esos pensamientos nocivos acumulados a lo largo del día. Concéntrate en el silencio y en los pensamientos reconfortantes y positivos. Vacía tu mente de todo aquello que te hace daño, y que no sirve para nada.

Ten en cuenta que los pensamientos negativos, cuando se instalan en nuestro interior, son capaces de incapacitarnos, y a perjudicar nuestra calidad de vida. Por tanto, si cuidamos la calidad de nuestros pensamientos, estaremos favoreciendo la calidad de nuestra vida. Recuérdalo, y pon tu atención en lo todo lo bueno que nos proporciona nuestra propia vida.

Daniel Molina, Psicólogo Emocional Online

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