Qué es la violencia estética

Qué es la violencia estética

Podríamos definir la violencia estética como la presión ejercida socialmente contra toda persona que no esté dentro de unos cánones de belleza establecidos. A quien tenga un cuerpo diferente al aceptado socialmente se le suele marginar o violentar por personas incapaces de ponerse en el lugar de los demás, ni aceptar la diversidad corporal. Una vez que sabemos que es la violencia estética, deberías reflexionar acerca de ello para evitar que personas se ven violentadas por quien no acepta la diferencia.

La violencia estética es un producto de una sociedad centrada en la belleza. Son sociedades donde todas las necesidades básicas están cubiertas, y sus miembros pueden centrarse en el lado estético de todo. Esta clase de sociedades tienen un patrón claro de belleza, que la mayoría intenta imitar, y cuando no se consigue llegan las frustraciones, los miedos y las inseguridades, que a menudo se proyectan en aquellas personas con una diferencia corporal más marcada, como pueden ser las personas con sobrepeso.

La presión que llegan a soportar toda personas para que alcance el estereotipo de belleza establecido es inmensa, y eso lleva a una sociedad acomplejada, ya que a menudo no se puede luchar contra nuestra constitución física, al no ser que accedamos a una intervención quirúrgica. El dolor y el sufrimiento es inmenso para aquellas personas que son violentadas por su entorno, y por el resto, simplemente no por no tener el cuerpo que ellos creen que debería tener.

Debemos reflexionar que toda persona desde niño es a menudo juzgada por su entorno por su apariencia física, y ese hecho puede hacer mella en la autoestima de cualquiera. Esos mismos niños y niñas que ha soportado esos reproches crecerán con esas mismas inseguridades, y se convertirán en adultos totalmente heridos. Debemos saber que es la violencia estética para saber como afrontarla, y dejar que toda esa presión social deje de hacernos tanto daño.

El ideal de belleza que fomenta la violencia estética

Cuando hablamos de violencia estética, muchos la justificarán diciendo que todo el mundo quiere verse bien, y eso es correcto, lo que no es tanto es machacar, violenta o burlarse de otra persona porque sea diferente al ideal de belleza que uno tiene en su cabeza. Al final, lo bello dependerá mucho del ojo que lo mira, y esos cánones sociales de belleza establecidos solo responden a la realidad de unos pocos. Por tanto, se hace un daño gratuito a cualquier persona que sea diferente a la belleza aceptada socialmente.

No solamente se produce violencia estética contra esas personas con un cuerpo diferente, sino que también se puede ejercer con aspectos tales como la raza, la edad o su sexualidad. Todo aquel que es considerado diferente se convierte en la diana perfecta para que los demás proyecten sus miedos e inseguridades en ellos, convirtiéndolos en víctimas perfectas de sus propias frustraciones. Porque la violencia estética dice mucho más de quien la ejerce que de la víctima. No lo olvidemos.

La violencia estética cosifica a toda persona que se escape del ideal de belleza establecido. Se le margina, se le humilla, y se ejerce una violencia totalmente gratuita y dañina sobre ella. Es algo injusto, y nadie debería ser víctima de mentes enfermas que quieren imponer lo que debe ser alguien o no. Pero ello es fruto de una sociedad que lo tiene todo, pero que carece de valores que no nos hagan caer en ese tipo de violencia sin sentido. Es algo que todos deberíamos reflexionar. 

No hay nada más duro y gratificante que aceptarse a uno mismo tal y como es. Pero hay personas que son incapaces de serlo, y proyectan sus frustraciones hacia los demás, criticándoles y utilizando la violencia para hacer que se sientan mal por todo lo que son. Es la única forma que les permite sentirse bien y esconder sus propias miserias. Por ese motivo, deberíamos frenar este tipo de violencia, y de ese modo, no dejar que nadie nos haga daño.

Cómo se produce este tipo de violencia

La violencia estética se produce mediante muchas formas. Puede producirse mediante actos tan sutiles como el reproche o la crítica, o quizás en formas más agresivas como el insulto o la propia violencia física y verbal. Es más, todos en algún momento podemos ser testigos o víctimas de este tipo de violencia. Puede ser que veamos a personas que se giran para mirar a una persona, para posteriormente criticarla por su físico o forma de vestir. Podemos comprobar la presión que soportar aquellas personas distintas cuando están dentro de un grupo determinado de personas. Quizás podemos escuchar los comentarios inadecuados sobre el físico de alguien en las redes sociales, o en los medios de comunicación. La violencia estética se da en todos los ámbitos de nuestra sociedad, y como ya he dicho anteriormente, es fruto de una sociedad centrada en el plano físico.

Un ideal de belleza o de estado estético establecido socialmente, hace que personas se crean con el derecho de hostigar, dañar o violentar a quien no está dentro de los cánones físicos fijados. Una sociedad tan centrada en el plano físico como método para alcanzar el reconocimiento de los demás, genera personas capaces de todo por alcanzar ese ideal estético, incluso ejercer una violencia hacia aquellas personas que no están dentro de esa normativa física. Normalmente, quien ejerce este tipo de violencia, suelen ser personas inseguras que proyectas sus miedos en los demás, y de ese modo se sienten mejor. Es decir, se sienten superior cuando doblegan a sus víctimas. Se convierten en verdaderas depredadoras humanas.

Así que, la violencia estética se centra en todo lo físico, pudiendo ser su objetivo aspectos tales, como la raza, el peso, la altura, o incluso la edad, entre otros. Todo aspecto físico que escape de aquello que socialmente se considera aceptable, puede ser objeto de esta clase de violencia. Actualmente, se habla de temas relacionados con la violencia estética, como puede ser la gordofobia. Existe cada vez más una concienciación general de la diversidad corporal, y del daño que pueden llegar a hacer esta clase de maltratadores a sus físicos. Sí, la violencia siempre es violencia, y quien la ejerce es un violento y un maltratador. Y es algo que tenemos que asumir. Es esencial proteger a las víctimas y castigar al violento, al que maltrata, al depredador.

El daño que produce la violencia estética

Todas las víctimas de la violencia, sea del tipo que sea, desarrollan ciertos trastornos y secuelas que arrastran de por vida, al no ser que accedan a un proceso terapéutico que les ayude a cerrar esas heridas. Y entre dichas secuelas de la violencia estética podemos encontrar:

  • Aparición de la ansiedad. Todas las víctimas de la violencia estética estarán siempre en alerta, con tal de evitar más agresiones. El gran nivel de estrés que soportan esta clase de personas, hace que al final desarrollen un cuadro ansioso grave. La ansiedad es una de las secuelas más comunes en este tipo de víctimas.
  • Baja autoestima. Que te agredan por todo lo que eres, al final ello repercute en la autoestima. Nadie es inmune a los insultos, a las malas palabras, ni a las presiones. Si en todo momento se nos reprocha lo que somos, al final nos percibiremos de un modo negativo, y acabaremos siendo la sombra de quien realmente éramos.
  • Aislamiento. Cuando a uno le han hecho sentirse mal consigo mismo, lo único que quiere es estar solo, y evitar que nadie le haga daño. Por ese motivo, esta clase de víctimas se aíslan, y evitan por todos los medios relacionarse con los demás.
  • Falta de seguridad. Quien se ha visto expuesto a esa clase de violencia, al final se percibirá de un modo negativos, y dejará de creer en ella misma, y en sus buenas capacidades. El hecho de no tener seguridad en uno mismo es una secuela innegable de tener una baja autoestima, desarrollada por aceptar los reproches y las críticas de los demás.
  • Trastorno de estrés postraumático. Uno de los trastornos más comunes de las víctimas de la violencia, es el estrés postraumático. Quien ha recibido una agresión, esto hará mella en su interior, haciendo que se sienta realmente mal, y tenga la maldición de revivir el dolor que ha sufrido. La persona que sufre este tipo de trastorno es incapaz de pasar página, y se queda atrapado en su eterno sufrimiento. 
  • Padecer depresión. Sufrir violencia puede hacer que nuestro estado de ánimo se vea dañado. Las víctimas de agresiones por las características físicas de cada uno, puede hacer que nos sintamos realmente mal, sumergiéndonos en una profunda tristeza y amargura.
  • Emociones negativas. Todas las víctimas de la violencia estética pueden experimentar emociones tan negativas como la tristeza, el rencor, o incluso la ira. No es sencillo gestionar las agresiones, ni asumir que hemos sido víctimas de un acto de violencia irracional, como es la estética.

Cómo afrontar este tipo de violencia

Ya sabemos qué es la violencia estética, y ahora deberemos centrarnos en cómo podemos afrontarla. Este tipo de violencia solamente se puede detener mediante un ejercicio de reflexión por parte de todos. Deberíamos hacer un ejercicio de reflexión acerca de la bondad, la empatía, y el respeto. Y ello solo se puede producir mediante la educación. Si no dejamos a un lado la importancia que se le da al plano físico, no se podrá frenar a aquellas personas que se creen con derecho a violentar a los demás por el simple hecho de ser diferentes a ellas.

Si has sido o eres víctima de este tipo de violencia, decirte que las palabras o los malos gestos de esta clase de agresores, solamente los definen a ellos, y jamás te definen a ti. Te aconsejaría trabajar tu autoestima, y que lograrás así, quererte tanto como para que nadie te pueda dañar. Claro que eso no es sencillo, y solamente se consigue mediante la ayuda psicológica, y comenzando a hablarte bien a ti misma. Sé amable contigo, y comienza a tratarte del modo que te gustaría que los demás te tratasen. De ese modo, no dejarás que nadie te trata de un modo inadecuado. Quiérete y acéptate tal y como eres. Esa es tu mejor arma contra estos agresores.

Así que, si has sido víctima, pide ayuda y mejora tu propia autoestima. Pero si eres el agresor o la agresora, deberías detenerte y reflexionar acerca de lo que es importante, y el daño que puedes llegar a hacer. Haz un ejercicio de empatía y respeto, y ponte en el lugar de los demás. Nadie quiere escuchar tus juicios y supuestos “consejos”. No te des tanta importancia, y cuida más tu interior. Todos te lo agradeceremos, incluso tú mismo. ¡Adelante!

Daniel Molina, Psicólogo Emocional Online

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