Aprender a decir No

Aprender a decir No

Existen muchas situaciones en la que somos incapaces de aprender a decir no. Por ejemplo, nos invitan a una fiesta a la cual no queremos asistir y somos incapaces de decir que no a dicha invitación. O quizás después de un día duro de trabajo, en el cual estás deseando irte a descansar a casa, tus compañeros te ofrecen ir a cenar a un nuevo restaurante, y al final acabas asistiendo. Son dos claros ejemplos que cómo a menudo es muy difícil anteponer nuestra voluntad a la voluntad de los demás con un simple NO a tiempo.

Nuestra dificultad en decir No parte en cierta medida de nuestra educación y nuestra experiencia. Desde que somos pequeños nos enseñan a estar siempre dispuestos a ayudar, compartir, y apoyar al prójimo. Es un aprendizaje que anida en nuestro interior y nos acompaña durante nuestra vida.

En nuestra cultura no hemos aprendido a priorizar nuestros deseos. Hemos aprendido que decir NO se puede considerar de mala educación o considerarse propio de una persona egoísta o poco sociable según el caso.

La baja autoestima y la necesidad de aceptación por parte de los demás también pueden empujarnos al hecho de no saber imponer nuestra voluntad con un No. Es más sencillo decir Si, y dejarse llevar, que decir No, y arriesgarnos a “quedar fuera” de nuestro círculo social. Existen personas que les resulta más fácil decir que no que a otras. A menos nivel de autoestima más difícil nos resultará decir que no.

Decir siempre Sí es un modo de adaptación al medio, ya que nos proporciona poder encajar socialmente, y agradar a las personas que queremos cerca. El sí es una herramienta social, aunque en nuestro interior queramos un NO para esa situación.

Todos estos factores nos pueden llevar a aceptar muchas situaciones para sentirnos amados y aceptados. El problema es que le tenemos un gran miedo a ser alejados o apartados, que no nos permitimos dar demasiadas negativas, aunque estas estén justificadas.

El conflicto surge específicamente cuando se encuentran dos necesidades opuestas. Si alguien nos pide hacer algo que sí deseamos hacer, no hay conflicto alguno. Son dos necesidades que van en la misma dirección. Pero si nos piden hacer algo que nosotros no deseamos hacer, es cuando entramos en conflicto. Tenemos que decidir a qué necesidad darle prioridad, si a la mía, o a la del otro.

Caracteristicas de un autoestima baja

Consejos para aprender a decir que No

  • Prioriza tus necesidades y deseos. Ante que todo estás tú. Hay que aprender a tener en cuenta en primer lugar nuestras propias necesidades porque nadie más lo hará por nosotros.
  • Antes de responder un Sí o un No piensa lo que vas a decir. Toma tu tiempo para responder. Reflexiona si quieres hacer lo que te proponen o no. Tener un tiempo para responder puede ayudarte a identificar mejor tus necesidades y a responder dependiendo de tu voluntad en ese momento.
  • Practica el decir NO. Cada vez que no quieras hacer algo de lo que te proponen los demás, di no. Resultará muy difícil al principio, pero pronto te darás cuenta de que tus negativas no destruirán tu mundo ni tus relaciones.
  • Sé amable. Cuando digas que No debes ser amable. No es necesario ser brusco con la persona que te propone algo que no te apetece hacer. Decir No amablemente hará que te sientas mejor con tu negativa y que se sienta de igual modo la persona que te ha propuesto realizar una determinada actividad.
  • Proponer una alternativa. Si alguien te propone, por ejemplo, ir un evento al cual no te apetece, ir puedes proponerle otra actividad que si te apetezca. Es una manera de decir No, que no te hará sentir incómodo/a.
  • Ten firmeza con tus decisiones. Evita ser manipulado por comentarios o actitudes negativas. Si no deseas hacer ciertas cosas o actividades que te proponen los demás, no tienes ninguna obligación de hacerla. Si decides decir No, no dejes que te hagan cambiar de postura, no te dejes manipular, y prioriza tu voluntad.

Conclusiones

Decir No a tiempo nos evitará hacer cosas que no queremos realizar. Tenemos que aprender a priorizar lo que queremos hacer y anteponer nuestra voluntad a la de los demás. No se trata de ser egoísta, y no tenemos que sentirnos mal o culpable por ello. Simplemente, se trata de mirar por nuestros intereses, ya que si nosotros no los tenemos en cuenta, nadie lo hará.

Daniel Molina, Psicólogo Emocional Online

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