Todos nos encontramos con esta emoción a diario. Es algo tan humano y cotidiano que a menudo la aceptamos sin más, pero lo cierto es que la envidia nace de una relación desigual de dos personas, en la cual una desea lo que la otra tiene. Sufrir envidia hace que entremos en una vorágine de sufrimiento e insatisfacción personal que afectará a todos los ámbitos de nuestra vida.

¿Qué es la envidia?

Podemos definir sentir envidia como una emoción social que se basa en la constante comparación de uno con los demás. Se basa en compararnos con las personas que nos rodean, y de la propia evaluación personal.

Es una emoción que por norma, la persona que la padece la esconde. Si la hiciera publica caería en la trampa de mostrar sus propias carencias y miserias, además de agrandar los atributos de la persona envidiada.

La envidia se puede basar en objetos, características personales o méritos de la otra persona. Quien envidia carece de todo aquello que anhela, y desea poder conseguir lo que otra persona ya tiene. Ese deseo aparece por el deseo oculto de restaurar una posición de inferioridad que padece la persona que tiende a sufrir envidia.

Tipos de envidia

La envía tiene dos grandes vertientes:

  • Envidia sana o benigna, que surge cuando la persona siente envidia hacia otra persona, pero no tiene deseos negativos hacia ella. Es una emoción que nace del intento de mejorar por parte de la persona que sufre envidia.
  • Envidia maliciosa. Es aquella que nace del malestar por el éxito o las posesiones de otra persona, y además aparecen deseos negativos hacia el envidiado. Los intentos de mejorar desaparecen en estos casos, ya que el individuo que sufre esta clase de envidia busca el daño y la caída de la persona envidada.

En ambos tipos de envidia, la persona siempre buscará mejorar su propio estatus. Lo único que cambia es el deseo malicioso o no hacia la persona a la cual va dirigida la propia envidia. Desear algo que tiene otra persona solo trae sufrimiento y dolor, ya que alumbra nuestras propias carencias y nuestra valoración personal.

Cuando sufrir envidia es patológico

La envidia es una emoción que destruye a la persona que la padece y a todo lo que le rodea. Arrasa con todo, y es capaz de sumergir a quien la acepta en un oscuro pozo. Esta emoción es destructiva tanto para uno mismo, como para los demás. Es un sentimiento capaz de amargarnos y anularnos.

Tal vez hayamos sentido envidia en algún momento de nuestras vidas hacia una persona. Quizás haya sido por sus cualidades físicas, por sus logros o por sus pertenencias. Nadie es ajeno a esta emoción destructiva.

Se convierte en patológica, cuando sufrir envidia se convierte en una obsesión tan grande que llega a perjudicar a todos los ámbitos de la vida de quien la padece. Con casos extremos pero muy dañinos, tanto para quien la padece como para la persona envidiada.

Tenemos que escuchar a la propia envidia. Ella siempre nos dirá que falta en nosotros, y cuáles son nuestras carencias. Quizás esta emoción nos indique un acentuado sentimiento de inferioridad, que impide a la persona que la padece a mantener relaciones sanas con los demás.

No conseguiremos nada ocultando nuestra envidia o negándola. Nuestra envidia siempre estará ahí, y encontrará el camino para salir a la luz. Una envidia maliciosa y patológica debe ser tratada siempre. Mirar hacia otro lado solamente hará que el dolor aumente, y la destrucción personal sea cada vez más grande.

Así que escucha a la envidia, ya que cuando la padezcas algo se removerá en tu interior. Así que debemos tomar la decisión de tratarla, y con ello desprendernos de esta emoción tan nociva y dañina. Deja de sufrir envidia.

Sufrir envidia patológica siempre destruye

Todos podemos llegar a sentir envidia en algún momento dado. El problema surge cuando esa envidia se convierte en el eje central de nuestras vidas. Cuando esto ocurre, nuestra propia envidia dominará nuestras relaciones, y comenzaremos a compararnos constantemente con los demás.

Lo único que conseguimos con la envidia es descentrarnos de nuestra propia ida, poniendo nuestra mirara hacia la de los demás. Se convertirá en una búsqueda constante del fallo, flaqueza o debilidad de los demás, y con ello esconder las nuestras.

Cuando dejamos que la envidia se apodere de nosotros, la otra persona se acaba convirtiendo en alguien a quien tenemos que odiar. Y el odio siempre trae sufrimiento y destrucción. Por ello este tipo de envidia debe ser tratada cuanto antes, y no mirar hacia otro lado.

Envidia sana

La envidia sana, como ya hemos citado anteriormente, es aquella envidia que no muestra maldad hacia la persona envidada, aunque ello no signifique que no se quiera lo que la otra persona tiene, sino que no se le desea ningún mal.

Si tenemos que sufrir envidia que esta sea sana, pero esto no significa que sea buena. Esta emoción tóxica es esa voz interior que nos muestra nuestras carencias personales, y eso requiere una atención, y por ende un tratamiento.

Este tipo de envidia, se centra en algo que deseamos o añoramos. Y este hecho siempre hace que centremos nuestra atención en ello, siendo un comportamiento negativo, ya que nos fijamos en lo que nos falta y no en lo que tenemos. Dejamos de ser agradecidos para enviar a los demás. Y esto siempre es negativo.

Por tanto, no podemos hablar de envidia sana como si esta fuera positiva. No lo es. Toda envidia muestra nuestras miserias, y nuestra incapacidad para centrarnos en nosotros mismos,  siendo agradecidos por lo que tenemos y por lo que somos.

¿Cómo puedo gestionar mi envidia?

El primer paso es averiguar por qué sentimos envidia. Sentir envidia no deja de ser un menosprecio hacia nosotros mismos. Cuando la autoestima es baja, la persona no es capaz de conseguir aquello que quiere, y se fija en los logros de los demás, llegando a envidarlos. Del mismo modo, la persona envidiosa es incapaz de cambiar para llegar a ser quien quiere ser.

Por ese motivo, al conocer a persona que tienen aquello que nosotros deseamos, y no viendo la posibilidad de conseguirlo para nosotros, algo se remueve por dentro, generando un profundo sentimiento de frustración y de rabia que debe ser tratado.

El segundo paso es aprender de nuestra envidia. Cuando ya sabemos el origen de nuestra envidia, podemos aprender de ella. Sabemos que lo provoca y sabemos cómo conseguir aquello que anhelamos. Por tanto, podemos ponernos a ello.

Podemos llegar a canalizar la envía hacia la admiración. De ese modo podemos tener un referente que nos ayude a realizar el cambio que necesitamos para alcanzar nuestras metas. Es una decisión difícil, que requiere de mucho esfuerzo, pero sufrir envidia puede convertirse en nuestra mejor maestra.

El tercer paso sería centrarnos en nuestra vida. Esta emoción tan tóxica hace que nos fijemos en los demás y nos descuidemos. Es importante que volvamos a fijar nuestra vista hacia nosotros mismos. De ese modo podemos seguir con nuestro camino y conseguir lo mejor de nosotros, sin tener que fijarnos en los demás.

Y el último paso sería el propio cambio. Una vez hayas reconocido tu envidia, la hayas cambiado por admiración, y hayas tomado a esa persona como ejemplo, haz el cambio que necesitas.

Está en tu mano el cambio. Así que analiza aquellas carencias que deseas rellenar, y de ese modo conseguir tus metas, y plantéate la manera de conseguirlo. Con una buena estrategia se puede realizar grandes cambios. Así que tómate tu tiempo.

Eres una persona capaz de soñar y de actuar. Así que vuelve a confiar en ti, y decídete por el cambio. Todo movimiento personal hará que te sientas bien de nuevo, y sobre todo, tengas otra vez ganas de superarte. Porque el verdadero reto no está en superar a los demás, sino en superarte a ti mismo. Deja de sufrir envidia.

¿Y cuándo alguien te envidia?

Las mejores relaciones son aquellas que te ayudan a crecer y a ser mejor persona. Pero en alguna ocasión nos topamos con personas que puede sentir envidia hacia nosotros. Si no estamos atentos, estás relaciones se convertirán en tóxicas y dañinas. Por tanto, tenemos que saber identificar las señales que nos indiquen que alguien nos tiene envidia. Entre estas señales encontramos:

  • La persona envidiosa no mostrará interés por nosotros.
  • Se alejarán si alcanzamos un logro o triunfo.
  • Hará público nuestros secretos, defectos y carencias.
  • Hablará más de todas las personas que conozcas.
  • Jamás te dirá la verdad, ni te hará ningún halago sincero.
  • Desprestigiará a las personas que más quieres.
  • Sólo estará contigo en los buenos momentos. En los malos no.
  • No respetará tu opinión ni deseos.

Consejos para no sufrir la envidia de los demás

  • Cuando hable mal de alguien o de ti mismo, finaliza la conversación.
  • Rodéate de personas que sumen y te apoyen. De ese modo la persona envidiosa se sentirá incómoda y se irá de tu lado.
  • Hazle saber que te incomoda su negatividad, y que no estás para mantener una relación que te reste con nadie. Quizás eso le haga recapacitar acerca de su realidad.
  • Elogia a la persona que te envidia. Con esto la podrás desarmar.
  • Comparte tus problemas con ella. Que sepa que tú no eres perfecta y también pasas por dificultades.
  • Ayúdale a mejorar. Las personas envidiosas tienen una falta de autoestima, y necesitan de toda la ayuda posible.

Si estos consejos no te funcionan, y la persona sigue con su comportamiento, lo mejor que puedes hacer es alejarte de ella. No te dejes que te arrastre a su abismo. Puedes ayudarla, pero hasta cierto punto. No puedes ayudar a quien no quiere ayuda. Así que en ese momento, lo mejor es que cada uno siga su camino. 

Daniel Molina, Psicólogo Emocional Online

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